Guinea Ecuatorial – Juan Tomás Ávila Laurel

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Imagen de juan.avila

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La cargaEl desmayo de JudasNadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.

06 Febrero 2013

Retrospectivas africanas: Equatorial Guinea

Nos ocurre, cuando nos sentamos otra vez ante una mesa para consignar por escrito nuestras reflexiones, que nos vemos asaltado por las dudas: ¿vale la pena que sigamos hablando de esta país? ¿En realidad hay algo que no hemos dicho ya? Nos asaltan las mismas dudas que asaltaron recientemente a nuestro compañero Javier Marías, que lleva, dijo, 10 años escribiendo para un medio escrito, y opinando sobre la realidad española.

Dicho esto, tenemos que atraer la atención de los guineanos sobre tres países africanos, o sobre más. Congo-MobutuLibia, que fue del coronel recientemente vejado y mandado al otro barrio de malas maneras, y la República Centroafricana. Y podríamos citar más. ¿Qué pasa con estos países? Que costará que sean considerados países estables y con estadísticas de desarrollo fiables. Además, siempre habrá una necesidad de fijarse en sus indicadores de desarrollo.

¿Y qué tienen en común estos países? Que tuvieron en su  magistratura suprema, como les gusta decirlo, a unos salvajes. Y la rotundidad usada es para decir que una dictadura no es cualquier cosa. Es como estar echando herbicida a un  vergel. Es decir, este vivir al revés al que están tan apegados los dictadores.

Y aterricemos rápidamente en la dictadura guineana. Hay todavía mucha gente que se hace llamar guineana que reduce la cuestión nacional al hecho de que no se puede elegir libremente al que pueda gobernar. Pero en un dictadura hay más. Es que en las dictaduras se aniquila o se hipoteca el futuro, de manera que no bastaría con que la clase dirigente dé paso a otra, sino que habría que cambiar de rumbo. Pero está claro que el país tiene que cambiar de dirección política.

Una dictadura, la guineana, no siembra para el futuro, el futuro no tiene cabida en los planes de los que controlan el poder. Y donde esta incapacidad de ver, de atisbar el futuro es en las dictaduras africanas, de las que se salen para que el país pase a depender de la caridad internacional, y con independencia de los recursos que tenga.

Como a los socios extranjeros que asesoran, ayudan o protegen a los dictadores les da igual la suerte de los ciudadanos, les compete a los guineanos, a los pocos que, incluso viviendo en el extranjero, siguen llamándose guineanos, que el asunto de que su país encuentre un camino saludable es de ellos. Ya es hora de asumir la realidad. La situación exige un esfuerzo importante para convencer al resto de guineanos que nos quedan unos pocos años para ir a la indigencia, que sería la recuperación de los índices estadísticos anteriores a la explotación del petróleo.

Hace poco el que esto escribe leyó que en torno a Kibera, una población chabolista deNairobi, había 10.000 oenegés. Miren por su cuenta las fotos de Kibera y hagan la pregunta de cómo todavía sigue como se ve si esa cantidad de organizaciones no gubernamentales de todo el mundo desarrollado dedican su tiempo y recursos a mejorarlo. Esto simplemente confirma lo que ya creíamos: las oenegés no desarrollan los países. Si decimos que la mayoría de las oenegés son gestionadas por personas de raza blanca que buscan poner fin al malvivir de los negros se encendería el debate. ¿Qué debate?

Esta es la razón por la que debemos convencernos de que la erradicación de la dictadura es una necesidad imperiosa. Luego ya responderemos de por qué un gobierno, como el guineano, que actualmente dedica sus fondos a pagar a oscuras oenegés de blancos para que digan que la dictadura es buena es incapaz de garantizar la satisfacción de las necesidades básicas de apenas 700 mil habitantes. Si el  presente es tan malo, el futuro, sin escolarización, sin sanidad, sin fundamentos morales, va a ser deplorable.

¿Han visto con qué fría normalidad entre estas dictaduras malgastadoras no aflora ninguna oenegé occidental que exija mejores medios de gestión? Y si no encuentran la respuesta, ¿por qué razón 10 mil oenegés son incapaces de remediar la situación de los habitantes de Kibera?

Antes de cerrar estas reflexiones, invitamos a los guineanos, a todos los que quieren seguir llamándose así, defensores y detractores de la dictadura de Obiang, a responder si el estado actual de Guinea, donde todo se hace para la satisfacción de una sola familia, era para lo que habían peleado nuestros antepadres desde que creyeron en lo de la independencia. Queda ahora por saber si alguno había deseado esta independencia.

Barcelona, 6 de febrero de 2013

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